Fuente: La Tercera
Todo ser humano es un Emprendedor

Pablo Picasso dijo que todo niño nace artista y que se requiere el trabajo sistemático del hogar y la escuela para anular esos talentos. Con el emprendedor que llevamos dentro sucede algo semejante.
Jugar al almacén cual Manolito de la Mafalda, fabricar galletas o lavar el auto por un par de lucas, forman parte del paisaje natural de un niño, tanto como lo es dibujar o jugar a la mamá o a la guerra. Construir valor económico ocupa un lugar incuestionable en el legado de nuestra especie.Ahora bien, si ello es así, ¿por qué no vivimos en un país plagado de emprendedores? La explicación hay que buscarla, al menos parcialmente, en razones de tipo cultural.
Nuestra sociedad parece no reconocer ni apreciar suficientemente el valor de emprender, ni siente una particular admiración por quienes optan por el riesgoso camino de innovar en vez de buscar la estabilidad pasiva de un empleo seguro. En nuestro medio, empresario y emprendedor se usan como sinónimos y -como regla general- los primeros son considerados más cercanos al gigante egoísta que a Superman; a Mr. Burns que al Nico Boetsch. Empresario, emprendedor y explotador son términos que nuestra literatura y nuestro folklore se han encargado de confundir como si fueran una y la misma cosa.
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